10 junio, 2009

Estar solo: no es tan malo como parece.


No son pocas las conversaciones que he mantenido con conocidos, e incluso desconocidos, sobre la tan temida soledad. La mayoría de estas charlas (cortas por lo general) fluye como si en lugar de hablar de un hecho que sucede con regularidad, estuviéramos hablando de cometer algún delito. Francamente no lo entiendo.

Desde que aprendí a atarme los zapatos, he crecido con la sensación de que disfrutar de unas horas o días en la más austera de las soledades viene maravillosamente bien para ponerse en orden con uno mismo, para reflexionar, para re-descubrirse o simplemente descansar de la presencia de los demás.

Las conversaciones en tono
cuasidelictivo son simplemente un reflejo de la realidad. Me preocupa en ocasiones ver como muchos hombres y mujeres jóvenes de mi generación, futuros contribuyentes a la estabilidad de este o cualquier otro país, temen a la soledad, esa soledad que te conduce a la reflexión sobre ti mismo y sobre los demás, sobre lo que has hecho, lo que has dejado, lo que te gustaría pero no has podido planteártelo "en serio"...
Culpamos a la falta de tiempo, al tener pareja, a los estudios, al trabajo, a la sociabilidad obligada (¿cuántas veces hemos salido sin siquiera quererlo?), al tener que hacer esto o aquello, a todo (hay tantos ejemplos como personas), menos a nosotros mismos.


No animo a la soledad total, ni siquiera parcial; como sabiamente dicen las abuelas "los extremos nunca han sido buenos", por otra parte los humanos estamos hechos para vivir en sociedad, sin esta cientos de miles de cosas que nos hacen la vida un poco más llevadera no serían posibles. Pero sin reflexión individual, por corta y escueta que sea, estamos condenados a seguir lo que se nos impone desde otras esferas sin siquiera poder pensarlo.


Una vez más, ningún extremo es bueno. Se trata, en todo caso, de pasar un rato con uno mismo, conocerse, depurarse por un momento de las cargas sociales, fijar metas, aspiraciones, lo que quieras para ti..., y volver a la carga con la mente en su sitio.


Créeme, no es tan malo como parece.


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